Voluntad… y mucho café

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El otro día en la Manchacómic, una chica y un chico (majísimos) me preguntaron cómo era capaz de compaginar la vida de estudiante de medicina con la de escritora. Les respondí en broma que con mucho café. Bueno, eso es cierto en mis épocas de mayor estrés cuando el sueño es un lujo que no me puedo permitir, pero… no es mi rutina. Les dije eso porque, sinceramente, no sé cómo lo compagino. De hecho, sin haberme colocado todavía en la especialidad y el hospital que quiero y sin haberme dado a conocer como escritora fuera de mi entorno, no puedo decir siquiera que lo esté compaginando.

No sé cómo será mi vida cuando sea médica. Espero poder decir «es más fácil ser médico-escritora que estudiante-escritora», pero ¡quién sabe! Y es cierto, tampoco sé cómo lo compagino. Cada día es un juego de balanzas. Lo que sí tengo claro es que tanto para ser escritor como para ser médico hace falta un tipo especial de resistencia, que todos tenemos, pero que no todos trabajan. Porque, seamos sinceros, la voluntad es un músculo. Si no se ejercita, se va atrofiando.

Hay muchos escritores en España y conozco a muy pocos que se dediquen exclusivamente a escribir (y no mueran de hambre). Todos nosotros, de una manera u otra, por vocación o por obligación, nos dedicamos a algo más. Todos trabajamos a diario ese gran músculo llamado voluntad.

¿Que cómo lo compaginamos? Pues… con esfuerzo, supongo. Y café. Mucho café.