Voluntad… y mucho café

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El otro día en la Manchacómic, una chica y un chico (majísimos) me preguntaron cómo era capaz de compaginar la vida de estudiante de medicina con la de escritora. Les respondí en broma que con mucho café. Bueno, eso es cierto en mis épocas de mayor estrés cuando el sueño es un lujo que no me puedo permitir, pero… no es mi rutina. Les dije eso porque, sinceramente, no sé cómo lo compagino. De hecho, sin haberme colocado todavía en la especialidad y el hospital que quiero y sin haberme dado a conocer como escritora fuera de mi entorno, no puedo decir siquiera que lo esté compaginando.

No sé cómo será mi vida cuando sea médica. Espero poder decir «es más fácil ser médico-escritora que estudiante-escritora», pero ¡quién sabe! Y es cierto, tampoco sé cómo lo compagino. Cada día es un juego de balanzas. Lo que sí tengo claro es que tanto para ser escritor como para ser médico hace falta un tipo especial de resistencia, que todos tenemos, pero que no todos trabajan. Porque, seamos sinceros, la voluntad es un músculo. Si no se ejercita, se va atrofiando.

Hay muchos escritores en España y conozco a muy pocos que se dediquen exclusivamente a escribir (y no mueran de hambre). Todos nosotros, de una manera u otra, por vocación o por obligación, nos dedicamos a algo más. Todos trabajamos a diario ese gran músculo llamado voluntad.

¿Que cómo lo compaginamos? Pues… con esfuerzo, supongo. Y café. Mucho café.

Firmando en Manchacómic

Aquí os traigo las fotos de la presentación de ayer, sábado día 8 de octubre, en la Manchacómic de Ciudad Real. Fue un auténtico lujo contar con personas tan maravillosas y con lectores tan entusiastas. Gracias a todos lo que asististeis (también a los que, aunque quisieron, no pudieron) y a todos los que descubristeis El mundo de las cuatro lunas y os lo llevasteis a casa. Aún sigo con la sonrisa puesta.

Un corto genial

Hoy no traigo nada escrito, sino un cortometraje que he encontrado en YouTube (de estas veces que me dejo llevar por ese mar de distracción que es Internet). Es para dedicarle un rato, pero creo que todos los lectores (y escritores) se sentirán identificados. A mí, personalmente, me ha parecido una maravilla.

 

Presentación en Manchacómic

Bueno, ha finalizado una semana de mucho estrés en la que no he conseguido sacar un hueco para escribir ni un mísero párrafo, pero hoy por fin traigo algo nuevo. No es ningún cuento, ni relato, ni reflexión, pero sí noticias frescas: ¡Erhum llega al festival de la Manchacómic!

A las 12:00 h de este próximo sábado 8 de octubre (ya en octubre, ¡madre mía, cómo pasa el tiempo!), El mundo de las cuatro lunas llega al antiguo casino de Ciudad Real para la Manchacómic 2016.

Podéis pinchar aquí para ver el anuncio en la web oficial de Manchacómic.

 

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Algo que contar

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Últimamente me cuesta escribir. Me gustaría ser de esas personas que abren un blog y consiguen publicar varias entradas todas las semanas. O de las que empiezan un libro y cada día, sin faltar una sola vez a su rutina, dejan hecha como mínimo una página. O de las que hablan fácilmente con cualquier persona y se ganan la confianza de todos con su espontaneidad. En definitiva, me gustaría ser de esas personas que siempre tienen algo que contar. Pero no lo soy.

Sí, tengo montones de anécdotas de viajes, de infortunios que se han convertido en motivos de risa entre amigos y familiares con el paso de los años, de aventuras y gamberradas de niña y adolescente… e incluso del hospital (estas son privadas). Pero si las contara ahora, ¿qué ganaría con eso? ¿Qué ganaríais vosotros? Sería hablar por hablar.

Recuerdo a mi editor hace unos meses diciéndome que tenía que ponerme las pilas con las redes sociales. ¡Ya era un milagro que las tuviera! Tenía una cuenta de Facebook que me abrí a los dieciséis años porque mis amigos me picaron con los jueguecillos, y que luego seguí usando por las páginas de humor. Tenía una cuenta en Twitter porque mis amigos se empeñaron en que me hiciera una, y la seguí por las noticias. Y desde hace poco más de un año tengo otra en Instagram por la misma razón, y la he mantenido por las fotos de paisajes. En definitiva, todas esas cuentas fueron producto de la presión grupal. Lo único diferente era mi blog, y me lo hice como una descarga, una pequeña vía de escape de la realidad y de la saga que estoy escribiendo; ni mucho menos pensaba crear una rutina.

Hay escritores de todo tipo, de eso no me cabe la menor duda, pero en general creo que la vocación de escritor pertenece a los solitarios e introvertidos, o por lo menos a aquellos que necesitan momentos de soledad. Y ahora es todo tan diferente…

Si un escritor quiere que su libro se conozca, tiene que moverse, tiene que hablar, tiene que interesar, tiene que aportar cosas nuevas, tiene que darse conocer, tiene que, tiene que, tiene que…

¿Sabéis que creo que tiene que hacer un escritor? Ser él mismo, como cualquier persona. Los escritores hemos escogido las palabras para descubrir el mundo y a nosotros mismos, para transmitir nuestras experiencias, como un reflejo que le da sentido a nuestra vida en una realidad que parece carecer de él.

No soy de las personas que siempre tienen algo que contar. De hecho, salvo en ciertas ocasiones de extrema confianza o porque ese día se me hayan cruzado un poco los cables, soy callada y, cuando digo algo, me critican que hablo en voz demasiado baja. Me gusta el silencio, me permite escuchar.

No soy de las escritoras que cuentan cualquier cosa, no soy de las que escribe libros por doquier buscando con desesperación nuevas fórmulas con tal de ver su obra convertida en un best-seller. Soy solamente yo y mis anécdotas. A veces las cuento; a veces, no. Entretanto, prefiero seguir observando, escuchando todas las historias que quedan por contar.